Hace días que quería colgar esto.
Es una iniciativa que se puso en marcha el año pasado, basada en el uso de internet para dar solidez al sistema democrático de votación y representatividad parlamentaria.
Permitir que la población tenga un cierto peso en el Parlamento fomentaría también una mayor conciencia política y una mayor capacidad de reflexión, aunque eso es lo que no interesa.
Si hay 350 escaños para aproximadamente 35 millones de votantes, se entiende que hay un 'índice de representatividad' de cien mil votos por diputado, que si son emitidos por una parte de la población resten representatividad de los diputados en función del número de personas que quiere votar.
Sería entrar y votar en el Congreso. Si podemos hacer la declaración de impuestos desde casa, también podemos votar nuestra jubilación, y así de paso los diputados tienen razones para trabajar un poco más.
http://friendfeed.com/jotaelers/e1ebac89/democracia-4-0-no-podras-volver-pensar-como
miércoles, 16 de noviembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
Por una Racionalización Real de gastos y política.
Es difícil tocar este tema sin que parezca una arenga republicana o un acto de insumisión, que lo sería si aceptase que técnicamente somos todos súbditos del rey.
Debemos de alguna manera reconocer el papel desempeñado en momentos frágiles de nuestro pasado reciente, y su contribución, si no a tener una serie de derechos y libertades antes impensable, a evitar que Tejero tomase el relevo.
Seguro que hay complicaciones y teorías que todavía no han salido a la luz; y con seguridad me salto otros muchos detalles de los que tampoco estoy enterado, pero en efecto no es nada nuevo que el dinero público destinado a la monarquía es, cuando menos, un despilfarro, y esta pierde apoyo y se constata una progresiva indiferencia entre las generaciones más jóvenes.
Viajes, vacaciones oficiales y no oficiales, vivienda(s) y gastos,vestimenta, personal, transporte, alimentación y bodas reales con las que celebrar la perpetuación de su especie, ... por mencionar sólo los más básicos.
Para hacerse una idea algo más concreta, recomiendo echar un ojo a la declaración oficial de su presupuesto y organización.
Por eso, pienso yo que si el Rey es y quiere ser Rey de todos los españoles, debería ser el primero en hacer gala de la austeridad que se predica desde altas instancias nacionales e internacionales y dar ejemplo a la clase política, en teoría tan súbdita como nosotros, los ciudadanos de a pie.
Dejando de lado el debate de la consanguineidad histórica y sus sabidas complicaciones genéticas, o el de los ingresos paralelos con que deben contar tras 35 años de reinado y favores de todo tipo, quiero creer que aquel que más discretamente ha llevado su título nobiliario, primer heredero de la corona, Felipe de Borbón, el príncipe azul casado con una periodista que si bien ha subido en la escala social, buena conciencia tiene de sus orígenes y de la situación del país, podría contemplar la posibilidad de abdicar en nombre de una modernización política que buena falta hace.
La (in)estabilidad del país no debería verse especialmente alterada si esto es realmente una Monarquía Constitucional y la política funciona con total independencia de la Casa Real. En cualquier caso la estructura básica del Estado seguiría siendo la misma de siempre, con unos progresistas y unos liberales que se alternan el poder cuando la situación lo requiere. La presencia o importancia del Rey en este proceso no sería sino retrógrada y déspota, dado que el Pacto del Pardo de 1885, ya preveía esta situación para que la Monarquía no se viese amenazada por la tensión social del momento.
No sé por qué, veo más similitudes de las que debería.
Pero como es poco probable que tal cosa suceda, e Iñaki Urdangarín también ha sido discreto guardando siempre unas formas y fama intachables, hasta entonces, sólo intentaré difundir la petición de firmas para que los más de 8 millones de euros que recibe la Casa Real al año vuelvan a contar para aquellos campos cuyos presupuestos se han visto "inevitablemente recortados" en el contexto de crisis actual.
Es más, si es este un Estado laico, ¿por qué podemos elegir aportar dinero a la Iglesia Católica, y no podemos negarnos a que una parte presupuestaria sea regalada a una institución obsoleta cuya misión transitoria ya fue cumplida?
Debemos de alguna manera reconocer el papel desempeñado en momentos frágiles de nuestro pasado reciente, y su contribución, si no a tener una serie de derechos y libertades antes impensable, a evitar que Tejero tomase el relevo.
Seguro que hay complicaciones y teorías que todavía no han salido a la luz; y con seguridad me salto otros muchos detalles de los que tampoco estoy enterado, pero en efecto no es nada nuevo que el dinero público destinado a la monarquía es, cuando menos, un despilfarro, y esta pierde apoyo y se constata una progresiva indiferencia entre las generaciones más jóvenes.
Viajes, vacaciones oficiales y no oficiales, vivienda(s) y gastos,vestimenta, personal, transporte, alimentación y bodas reales con las que celebrar la perpetuación de su especie, ... por mencionar sólo los más básicos.
Para hacerse una idea algo más concreta, recomiendo echar un ojo a la declaración oficial de su presupuesto y organización.
Por eso, pienso yo que si el Rey es y quiere ser Rey de todos los españoles, debería ser el primero en hacer gala de la austeridad que se predica desde altas instancias nacionales e internacionales y dar ejemplo a la clase política, en teoría tan súbdita como nosotros, los ciudadanos de a pie.
Dejando de lado el debate de la consanguineidad histórica y sus sabidas complicaciones genéticas, o el de los ingresos paralelos con que deben contar tras 35 años de reinado y favores de todo tipo, quiero creer que aquel que más discretamente ha llevado su título nobiliario, primer heredero de la corona, Felipe de Borbón, el príncipe azul casado con una periodista que si bien ha subido en la escala social, buena conciencia tiene de sus orígenes y de la situación del país, podría contemplar la posibilidad de abdicar en nombre de una modernización política que buena falta hace.
La (in)estabilidad del país no debería verse especialmente alterada si esto es realmente una Monarquía Constitucional y la política funciona con total independencia de la Casa Real. En cualquier caso la estructura básica del Estado seguiría siendo la misma de siempre, con unos progresistas y unos liberales que se alternan el poder cuando la situación lo requiere. La presencia o importancia del Rey en este proceso no sería sino retrógrada y déspota, dado que el Pacto del Pardo de 1885, ya preveía esta situación para que la Monarquía no se viese amenazada por la tensión social del momento.
No sé por qué, veo más similitudes de las que debería.
Pero como es poco probable que tal cosa suceda, e Iñaki Urdangarín también ha sido discreto guardando siempre unas formas y fama intachables, hasta entonces, sólo intentaré difundir la petición de firmas para que los más de 8 millones de euros que recibe la Casa Real al año vuelvan a contar para aquellos campos cuyos presupuestos se han visto "inevitablemente recortados" en el contexto de crisis actual.
Es más, si es este un Estado laico, ¿por qué podemos elegir aportar dinero a la Iglesia Católica, y no podemos negarnos a que una parte presupuestaria sea regalada a una institución obsoleta cuya misión transitoria ya fue cumplida?
jueves, 10 de noviembre de 2011
"Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi"
Hoy ha sido un día como cualquier otro pese a haber dejado atrás el segundo debate electoral: seguimos sumidos en doscientos años de bipartidismo, a la Familia Real parece preocuparle menos que se vea que están tan manchados como otros, los partidos aspirantes siguen desacreditándose mutuamente en lugar de ganarse el crédito que necesitan, y los pájaros cantan como celebrando la tardía caída de Berlusconi.
No he visto ninguno de los debates. Creo que no me interesaba verlos sabiendo que ninguno de los ponentes tiene mi confianza. En cualquier caso, según la variopinta prensa que adorna nuestro surrealista y adorable país, pese a su carácter cínico y partidista, el resultado de las elecciones parece estar ya cantado y asumido por los principales candidatos. El que no se quiere explicar, y el que no tiene gran cosa por decir a su favor.
Amadeo de Saboya, último rey antes de la Primera República, ya dejó a su vuelta a Italia tras sus dos años de reinado algunas perlas que demuestran que no estamos locos por pensarlo, como la que da título a este post.
"Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en
constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura
que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su
dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como
sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la
espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la
nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos
pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el
confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre
tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es
imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar
remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y
no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido
observarla".
Vamos, que volvemos a lo mismo. Si ni con Baco, dios del vino, llegó a entenderlo, deberíamos aprovechar la ocasión que se nos presenta dentro de una semana. Pocas
veces el contexto ha sido tan favorable como ahora, y la clase política lo sabe.
Las encuestas parecen mostrar una cierta voluntad de equilibrio en la intención de voto, y un reparto de los votos entre más partidos, aunque no por ello debemos ilusionarnos pues sabemos que no son estas las mejores pitonisas.
Ya que la democracia es representada
por ir a votar un par de veces (y punto), hay que difundir la idea de que votar a partidos minoritarios es la mejor salida a 1. la posible mayoría absoluta del PP, y 2. al problema de espacio que hay en el Congreso para una diversidad parlamentaria que obligue a tomarse las cosas con un poquito más de seriedad.sábado, 5 de noviembre de 2011
Sobre los paradigmas del sistema educativo.
Leí hace unos meses el libro "El Elemento", del ponente del vídeo, Ken Robinson. Fue un regalo de mi hermana que, haciendo un repaso a la vida de personalidades conocidas, muestra como las capacidades humanas sobrepasan con creces lo que el sistema educativo y su forma de dirigirlas pueden ofrecer.
El vídeo no hace ninguna mención, pero Noam Chomsky ya había planteado, hablando de lingüística, la enseñanza como intrínsecamente limitativa. La cultura lo es.
Y si la realidad depende de que la pensemos, podemos hacernos una idea de lo grande que es el mundo y la poca conciencia que tenemos sobre él.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Robos en el metro
La entrada en la boca del metro suele venir acompañada de pensamientos
que van desde el ligero retraso que suele caracterizarme y la inquietud que
genera, hasta la pregunta sobre el número de vidas que salva la locución que
recuerda la prohibición de bajar a las vías, aparentemente necesaria pese a lo
lógico de la cuestión.
La del civismo en el metro también resonó constantemente en
mi cabeza por la pegadiza música de fondo (OMD – Electricity) y el tiempo que
tardé en reconocerla, pero quisiera centrar el tema en la que falta: la que
pretende prevenir a los turistas de los robos en metro durante la temporada
alta, que por lo demás este año ha sido especialmente suculenta para todas las
partes gracias al aumento del número de visitantes en algo más de un 15%:
hosteleros, restauradores, ayuntamiento, aerolíneas, lateros y carteristas.
Cierto es que, ante el exagerado repunte de los hurtos, una campaña así se
hizo necesaria, así como la presencia policial en el metro, cuyos positivos
resultados han sido constatados en el primer mes.
Cierto es también que Barcelona tiene un serio problema con
la reincidencia de los ladrones, y la laxitud de la ley sobre qué merece ser
castigado y qué no (de donde podríamos sacar algún post jugoso y bastante largo)
es el problema más grave en lo que a delincuencia se refiere.
Pero la sutileza pasa por la manera en que una campaña que
ha sido concebida para público extranjero presenta un mensaje preventivo en
catalán, inglés, japonés y castellano, por este orden, y parece olvidar, por ejemplo, el alto número de franceses que visita la
ciudad, sobre todo en verano, aprovechando la proximidad.
Así que me puse a
buscar estadísticas que muestren la proporción de denuncias por robo entre
el volumen general de turistas, y pese a
no haberlas encontrado encontré los datos
oficiales de la Generalitat sobre Turismo , que muestran la distribución de
visitantes por nacionalidades:
Españoles no catalanes, franceses, italianos, ingleses, y estadounidenses.
Pues eso: ¿dónde está la bolita?
Cuando planteo la pregunta busco saber si ante toda la
representación hay algún interés no declarado cuando, al margen de dar un
mensaje que es útil e indiscutiblemente positivo, se esconde una cierta
imposición lingüística que poco o nada tiene que ver con el problema que ataca
y cuya sutileza pasa inadvertida ante el público.
Pienso que la racionalización y objetividad deberían ser
prioritarias para resolver sin crear más conflictos. ¿Por qué? Porque establecer
una división lingüística cuando ambas lenguas son oficiales, en teoría gozan de
los mismos derechos y sobre la que ya hay un debate bastante amplio, no hace
sino situarlas en escalas diferentes.
El volumen de denuncias por robo es un factor prácticamente
aleatorio. Sí, ha habido peticiones oficiales de parte del gobierno japonés
para evitar los robos a sus turistas (un discreto 2.1% de visitantes), lo que
da sentido a su inclusión, pero no explica por qué este se encuentra por
delante del castellano (con diez veces más visitantes sin contar a los procedentes
de América Latina), y detrás del catalán, cuyos usuarios habituales son con
mucha probabilidad los que menos robos sufren.
Por otro lado, el precio de los billetes aumenta anualmente
siendo ya un 47% desde 2002, aumento que van muy por encima del del IPC, que en
estos 8 años apenas ha superado el 30% (¡qué decir de los últimos dos años!), y
pese a haber habido no pocos reclamos de asociaciones de usuarios que ya saben
que Barcelona cuenta con el transporte público más caro de España, el precio
para el año 2012 previsiblemente aumentará en su habitual 5%.
Demos gracias a TMB: por lo menos somos los primeros en
entender lo fácil que es perder la cartera, como si no fuese lo que hay dentro
lo que nos importa realmente.
martes, 1 de noviembre de 2011
7000 millones
Sí, sin duda es toda una noticia: ya somos 7000 millones de
habitantes en la Tierra. 7000 mil millones de Homo Sapiens iguales ante los
ojos del dios que sea. Para empezar, deberíamos pensar en cómo le vamos a
explicar a la pequeña Danica el buen día ha elegido la historia para darle su
momento de gloria efímera, puesto que no parece casualidad que su nacimiento se
haya producido el día que se celebra Halloween, o lo que es lo mismo, la
víspera del día de los muertos.
Perdónenme el tono pesimista, si es que sólo se puede
reconocer en este texto. Pero los datos demográficos, geopolíticos y
socioeconómicos son lo menos alentador frente a la felicidad que debe reinar
entre sus familiares, y el alivio que deberíamos sentir nosotros cuando la reproducción
social sigue proporcionándonos niños (que nos enseñen a vivir y a disfrutar de
los cuatro días que estamos aquí) y capital humano para los años venideros.
Esto último si no consideramos la inercia demográfica, el
mal uso que hacemos de nuestros recursos –cada vez más limitados, valiendo la
redundancia- la desigualdad en su reparto y en el acceso a ellos, o la aparente
resignación a haber superado ya el punto de inflexión que garantiza nuestra
supervivencia a medio plazo.
En la editorial de La Vanguardia Alfredo
Abián, menciona nuestra experticia en crecimiento sostenible con un cierto sarcasmo
que concluye que no habremos aprendido nada de los errores ni dentro de 2 billones de personas.
No podemos olvidar a la mayor parte de la población que
habita el planeta a día de hoy, y mirar a otro lado cada vez que sale a la
palestra alguna evidencia vergonzosa como las que vemos a menudo. Por el azar
más absoluto hemos tenido la suerte de estar en el lado “afortunado” del mundo,
y ya nos quejamos de las reglas del juego.
Nada que no sepamos: el 97% de la población nace en países
subdesarrollados cuyos recursos son explotados por economías extranjeras dejando
como salidas más habituales la colonización pactada o la corrupción política y
la financiación opaca de los gobiernos que los gestionan, que generan guerras
civiles que a su vez reportan importantes ingresos a los poderosos de la letra
G cuyo número varía en función de la importancia de lo que se discute en sus
cumbres.
El comercio exterior como imposición, la apropiación de
materias primas en pos de una economía globalizada y el consumo como eje del
desarrollo constriñen la ecología e impiden el desarrollo propio agotando sus
suelos y mano de obra o niños. Y la progresión no es aritmética. Sólo hay que mirar cifras, resumidas en el artículo de El Mundo, que resumen el informe de la ONU.
Tal panorama me recuerda a la película Hijos de los hombres, Children of men, Alfonso Cuarón, que abre con la paradójica frase de “ha muerto el hombre más
joven del mundo”. También me ha encendido la bombilla del reportaje
sobre el suicidio de ayer en El Mundo. Mucho se ha escrito al respecto, y
está demostrado que aumenta, al igual que el alcoholismo, la depresión y el
consumo de drogas, con la complejización de las sociedades y la pérdida
identitaria y existencial que de ella deriva.
Estando las cosas como están, con el envejecimiento de la
población se ha invertido la tendencia creciente que nos garantizaba una
jubilación decente y sanidad. Un baby-boom nos
vendría muy bien dentro de unos años, pero estando también absolutamente
seguros de que habrá una mayor automatización en los procesos productivos, la
competencia también crecerá exponencialmente.
Todo parece indicar que el mundo de mañana será un lugar más difícil en el que vivir. ¿Qué garantías tenemos entonces de que podamos vivir en paz y traer nuevas vidas al mundo sin que estas tengan que matarse entre ellas para sobrevivir?
lunes, 24 de octubre de 2011
indignado es adjetivo, no sustantivo.
Fruto de la extensión y mediatización del movimiento se ha caído en el error de ver a los "indignados" como un selecto club de "antisistemas" y “perroflautas” más que como un amplio número de personas cuya impotencia y asombro ante el descaro en que su futuro está siendo decidido y sus derechos pisados, empuja a la calle a exigir la devolución de una ética que se evapora poco a poco.
Maticemos que la indignación es un estado, no una condición inherente, de impotencia y frustración. Es la constatación de la enorme diferencia existente entre cómo nos han enseñado que son las cosas y cómo son realmente. Entre lo que se propugna y lo que se practica. Indignado es un adjetivo, no sustantivo, en un ad-hominem de facto, en el que ni la claridad de los argumentos teóricos ni el hastío y la pérdida de confianza parecen incomodar a quienes lo practican.
La Sociedad del Riesgo de Ulrich Beck, explica la relación de factores comunes a lo que mueve a los indignados, o qué es lo que quieren, como si fuese más difícil de entender que de llevar a la práctica.
Mucho se ha hablado al respecto, y hay opiniones de todos los tipos, cuya veracidad depende de cómo quiera ser interpretada. Pero matices aparte, hay un núcleo significativo en esta protesta pese a lo que el señor Sánchez Dragó pueda opinar al tildar a un movimiento de masas “prefascista” y comparar sus formas con las de Robespierre en la Convención Jacobina. Todavía no hemos visto cabezas rodar, y las que están en el punto de mira no son precisamente las de los opositores.
Por su parte, Zigmunt Bauman sugiere en una entrevista a El País que, siendo un movimiento más emocional que intelectual, es más probable que se evapore a que consiga cambiar las estructuras en la forma en la que pretende hacerlo.
Romántica o racional, la cuestión es que, dejando a los medios y su maleabilidad de lado, uno de los puntos más enigmáticos del impacto real que puede tener tal efervescencia -visto el apoyo de la población- depende de la manera en que la clase política ignora el polvo que se levanta, especialmente tras el resultado efectivo (cargas policiales, procesos ejemplares, mediatización selectiva y enfocada al descrédito, decomiso y eliminación de la amplia gama de recursos desplegados en el despegue del movimiento) que se ha podido observar.
No hay que olvidar que la publicidad necesita ser vista para existir, y que darle significación a una revuelta social implica reconocer la legitimidad de los puntos que critica.
Si el enunciado crea la realidad, y la reacción ha sido manifestada a gran escala y por grupos muy diversos en diferentes países, ¿por qué esta toma de conciencia no es tomada en serio?
No en vano, Bauman, en su análisis del exterminio judío de la Segunda Guerra Mundial, define la negación como la muerte simbólica del que declara agravios que ser subsanados.
Prioricemos entonces: pongamos claro cuáles son los canales a través de los que se puede actuar.
1. Si la clase política responde a una revuelta social con silencio de cara a la galería (internamente deben estar hablando mucho de la amenaza potencial que esta representa), hay que buscar su respuesta oficial y pública que la ponga más en evidencia –si cabe, lo que se antoja difícil cuando su representatividad es uno de los principales cuestionamientos. La representatividad les obliga a escuchar, y eso es lo que no hacen.
El bipartidismo ha caracterizado a España desde los albores de su surrealista democracia, por allá por el siglo XIX, y sólo ha sido sustituido por dictaduras militares y por efímeros intentos republicanos, dejando un medio con raíces profundas y obsoletas frente a las que pocas opciones tenemos. Si encima le añadimos la interminable lista de favores que se deben unos a otros deber tras cuarenta años de dictadura, el menú del día está servido.
Así, qué se hace cuando podemos elegir entre ‘izquierda’ y ‘derecha’ pero sólo queremos ir hacia adelante?
2. Es fácil dejarse mover por una voluntad de cambio, pero si se habla del actual como un período caracterizado por su liquidez, el impacto de una corriente depende directamente de que supere el ‘punto crítico’, que la ebullición se disperse y se haga más difícilmente controlable. En principio cuestión de tiempo, siempre que se mantenga una cierta presión ciudadana.
De alguna manera, contar con el apoyo –simbólico- de Eduardo Galeano, creo que debe dar alas para evitar que la gota de ‘insurrección’ se diluya y ayude a empujar en una dirección que consiga cambiar una transformación silenciosa impuesta a través de la violencia simbólica descrita por Bourdieu, en la que el desconocimiento del dominado reafirma el poder dominante.
Puede que frente al descrédito impulsado por la clase política y del que participan algunos de los medios con más difusión, la seguridad de los manifestantes y la confianza en sus ideales se tambalee tras cada manifestación. Sólo puedo desde mi escritorio apelar a la fraternidad que se respiraba en las primeras semanas del movimiento, viendo caceroladas de vecinos y reuniones en las plazas de los barrios por un objetivo tan utópico como la racionalización de la política y su reasentamiento sobre el demos.
En otras palabras, la normalización de las circunstancias es la que puede acabar frustrando los movimientos más legítimos.
3. Miles de firmas y numerosas propuestas recogidas a lo largo de dos semanas fueron secuestradas en la carga del 27 de mayo. Si las propuestas necesitan más de un determinado número de firmas para cristalizarse y llegar a instancias con algún tipo de fuerza para ser debatidas, debemos volver a empezar, y en lo posible ordenando las prioridades: por ejemplo, si para que una ley sea cambiada se necesita la aprobación de la cámara baja, asegurar su transparencia.
Un ejemplo claro de esto lo encontramos en la manifestación del 10 de julio de 2010 cuando un Estatut aprobado (previamente recortado por el gobierno central) en referéndum por la población es declarado ilegal por un Tribunal Constitucional cuya composición es en si misma ilegal.
Esto acaba de empezar, y tenemos unas elecciones a la vuelta de la esquina. Si bien ya sabemos cuáles serán los resultados aproximados, no sólo no hay atisbos de renovación sino que cambiamos de una izquierda derechista a una derecha declarada como la que se fortalece cada día con más peso en Europa, para reproducir las estructuras políticas y económicas contra las que nos quejamos.
El PSOE ha ganado en un campo, que es el del terrorismo con la declaración de ETA de hace unos días, viendo el resultado de años de dedicación. Pero tras ocho años de relevo, parecemos olvidar las mentiras de Acebes, Aznar y un Rajoy que ya formaba parte de su equipo. Si pudieron mentir a toda la población con el 11M, qué debería cambiar cuando todo lo que han hecho desde que perdieron la mayoría es criticar sin propuestas la gestión del actual gobierno?
El 20N representa una fecha sagrada. Por distintas razones para unos y para otros, y es la oportunidad que tiene la población de renovar las bases de su democracia, y de criticar la ilegalidad de la legalidad.
En general es más fácil estar descontento que estar satisfecho en este contexto. Y para obtener apoyo masivo sólo hay que encontrar cuáles son las cosas que han minado la confianza de la gente en este sistema. Esto es levantar polvo en torno a las figuras que se presentan como salvadoras pero que limitan el desarrollo de las ideas, porque, simplemente, no les conviene.
martes, 18 de octubre de 2011
Del Plan Boloña a la indignación
Nada nuevo bajo el sol. Simplemente, ahora lo vemos más claramente y lo sufrimos más directamente:
Soy estudiante de Antropología y llevo cursado el 66% de la
carrera. Hasta el año pasado era esta una titulación de Segundo ciclo a la que
se podía acceder desde cualquier Primer ciclo; pero ahora, una vez aplicado el
nuevo Plan de Estudios, es una carrera de cuatro años para la que casi nada de
lo que he estudiado cuenta: si decidiese matricularme, perdería el 40% de los
créditos aprobados, quedándome en un 25% de la titulación, es decir, en el
primer año de carrera.
Así, no sólo me quedarían tres años para terminar la carrera en lugar de uno y medio, sino unos 2000€ por pagar más el 20% de aquellas asignaturas que me convaliden (unos 150€ más o menos), más materiales.
Así, no sólo me quedarían tres años para terminar la carrera en lugar de uno y medio, sino unos 2000€ por pagar más el 20% de aquellas asignaturas que me convaliden (unos 150€ más o menos), más materiales.
Saliendo de la Universidad hoy, había una asamblea de
estudiantes indignados. Una igual que aquellas que apoyé en 2009, buscando la
solución al problema de la continuidad y el impacto real de una protesta
silenciada por los medios igual que la de la situación griega "para mantener el orden social".
En ella, escuché
un par de casos, como el de una chica a la que no le reconocerán el 80% de los
créditos, obligándola a volver a empezar su especialización, y todo con los
precios nuevos, y los correspondientes sobrecargos por tener ya un título
universitario.
Así que si Europa se distinguía por garantizar Salud y Educación ante todo (el futuro de las generaciones más jóvenes), el hecho de suprimir carreras sociales y humanísticas es suprimir la crítica de su descuido, al tiempo que empujar a la población a la rueda laboral sin ajustar las sangrías más importantes de dinero público (rescates bancarios, salarios reales y vitalicios, visitas papales, “complementos” salariales como el de Esperanza y su equipo, que afortunadamente ya llegan a final de mes) nos convierte en meros peones, perdiendo la poca capacidad de decisión que teníamos, y haciéndonos desgastarnos las rodillas ante el tiempo que permaneceremos en la misma (im)postura.
Así que si Europa se distinguía por garantizar Salud y Educación ante todo (el futuro de las generaciones más jóvenes), el hecho de suprimir carreras sociales y humanísticas es suprimir la crítica de su descuido, al tiempo que empujar a la población a la rueda laboral sin ajustar las sangrías más importantes de dinero público (rescates bancarios, salarios reales y vitalicios, visitas papales, “complementos” salariales como el de Esperanza y su equipo, que afortunadamente ya llegan a final de mes) nos convierte en meros peones, perdiendo la poca capacidad de decisión que teníamos, y haciéndonos desgastarnos las rodillas ante el tiempo que permaneceremos en la misma (im)postura.
Cuál es el futuro del país entonces, cuando 1. ni se arregla los grandes transvases de dinero público al sector privado en campos que deberían ser de jurisdicción intransferible, 2. ni se corrige la tendencia que dentro de unos años sólo dejará plazas universitarias a quienes puedan pagársela, proporcionando carreras técnicas con un trabajo garantizado que nos permita vivir al día y abrir hipotecas a 60 años en nombre de una economía nacional sostenible ?
Generar deuda es el futuro, ya se sabe. Incluso cuando la mitad de los bancos está en quiebra.
Y francamente, uno se queda pensando... ¿para qué?
Resulta que somos vagos, hedonistas y nos cargamos un par de neuronas diariamente cuando salimos de trabajar. Todo, intentando comprender cómo funciona, cómo se puede sacar algo positivo, y, más que nada, lo fácil que es criticar el efecto y omitir las circunstancias que lo generan.
Resulta que somos vagos, hedonistas y nos cargamos un par de neuronas diariamente cuando salimos de trabajar. Todo, intentando comprender cómo funciona, cómo se puede sacar algo positivo, y, más que nada, lo fácil que es criticar el efecto y omitir las circunstancias que lo generan.
Desviar el foco de atención es una jugada inteligente, pero
alguien ha hecho las cosas muy mal para ganarse un sobresueldo que no
necesitaba, acercándonos, poco a poco, al punto en que la población no tiene nada
que perder. Como estudiante de movimientos sociales, aclararé que ese es el
punto en el que las revoluciones estallan, y que si la tendencia no cambia, con
mucha probabilidad empezaré a salir a la calle con más recurrencia para que los
Mossos me enseñen que la letra, con sangre entra.
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