jueves, 10 de noviembre de 2011

"Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi"

Hoy ha sido un día como cualquier otro pese a haber dejado atrás el segundo debate electoral: seguimos sumidos en doscientos años de bipartidismo, a la Familia Real parece preocuparle menos que se vea que están tan manchados como otros, los partidos aspirantes siguen desacreditándose mutuamente en lugar de ganarse el crédito que necesitan, y los pájaros cantan como celebrando la tardía caída de Berlusconi.

No he visto ninguno de los debates. Creo que no me interesaba verlos sabiendo que ninguno de los ponentes tiene mi confianza. En cualquier caso, según la variopinta prensa que adorna nuestro surrealista y adorable país, pese a su carácter cínico y partidista, el resultado de las elecciones parece estar ya cantado y asumido por los principales candidatos. El que no se quiere explicar, y el que no tiene gran cosa por decir a su favor.

Amadeo de Saboya, último rey antes de la Primera República, ya dejó a su vuelta a Italia tras sus dos años de reinado algunas perlas que demuestran que no estamos locos por pensarlo, como la que da título a este post.

"Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla".

Vamos, que volvemos a lo mismo. Si ni con Baco, dios del vino, llegó a entenderlo, deberíamos aprovechar la ocasión que se nos presenta dentro de una semana. Pocas veces el contexto ha sido tan favorable como ahora, y la clase política lo sabe. 

Las encuestas parecen mostrar una cierta voluntad de equilibrio en la intención de voto, y un reparto de los votos entre más partidos, aunque no por ello debemos ilusionarnos pues sabemos que no son estas las mejores pitonisas.
Ya que la democracia es representada por ir a votar un par de veces (y punto), hay que difundir la idea de que votar a partidos minoritarios es la mejor salida a 1. la posible mayoría absoluta del PP, y 2. al problema de espacio que hay en el Congreso para una diversidad parlamentaria que obligue a tomarse las cosas con un poquito más de seriedad.

De todas maneras no hay nada que perder.

El domingo, 20 de noviembre, no será un día cualquier otro. Nos levantaremos escuchando el canto de los pajaritos, anunciándonos un amanecer que tardó dos siglos en llegar.

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