lunes, 14 de noviembre de 2011

Por una Racionalización Real de gastos y política.

Es difícil tocar este tema sin que parezca una arenga republicana o un acto de insumisión, que lo sería si aceptase que técnicamente somos todos súbditos del rey.



Debemos de alguna manera reconocer el papel desempeñado en momentos frágiles de nuestro pasado reciente, y su contribución, si no a tener una serie de derechos y libertades antes impensable, a evitar que Tejero tomase el relevo.

Seguro que hay complicaciones y teorías que todavía no han salido a la luz; y con seguridad me salto otros muchos detalles de los que tampoco estoy enterado, pero en efecto no es nada nuevo que el dinero público destinado a la monarquía es, cuando menos, un despilfarro, y esta pierde apoyo y se constata una progresiva indiferencia entre las generaciones más jóvenes. 

Viajes, vacaciones oficiales y no oficiales, vivienda(s) y gastos,vestimenta, personal, transporte, alimentación y bodas reales con las que celebrar la perpetuación de su especie, ... por mencionar sólo los más básicos. 

Para hacerse una idea algo más concreta, recomiendo echar un ojo a la declaración oficial de su presupuesto y organización.


Por eso, pienso yo que si el Rey es y quiere ser Rey de todos los españoles, debería ser el primero en hacer gala de la austeridad que se predica desde altas instancias nacionales e internacionales y dar ejemplo a la clase política, en teoría tan súbdita como nosotros, los ciudadanos de a pie.


Dejando de lado el debate de la consanguineidad histórica y sus sabidas complicaciones genéticas, o el de los ingresos paralelos con que deben contar tras 35 años de reinado y favores de todo tipo, quiero creer que aquel que más discretamente ha llevado su título nobiliario, primer heredero de la corona, Felipe de Borbón, el príncipe azul casado con una periodista que si bien ha subido en la escala social, buena conciencia tiene de sus orígenes y de la situación del país, podría contemplar la posibilidad de abdicar en nombre de una modernización política que buena falta hace.
La (in)estabilidad del país no debería verse especialmente alterada si esto es realmente una Monarquía Constitucional y la política funciona con total independencia de la Casa Real. En cualquier caso la estructura básica del Estado seguiría siendo la misma de siempre, con unos progresistas y unos liberales que se alternan el poder cuando la situación lo requiere. La presencia o importancia del Rey en este proceso no sería sino retrógrada y déspota, dado que el Pacto del Pardo de 1885, ya preveía esta situación para que la Monarquía no se viese amenazada por la tensión social del momento. 
No sé por qué, veo más similitudes de las que debería.

Pero como es poco probable que tal cosa suceda, e Iñaki Urdangarín también ha sido discreto guardando siempre unas formas y fama intachables, hasta entonces, sólo intentaré difundir la petición de firmas para que los más de 8 millones de euros que recibe la Casa Real al año vuelvan a contar para aquellos campos cuyos presupuestos se han visto "inevitablemente recortados" en el contexto de crisis actual.

Es más, si es este un Estado laico, ¿por qué podemos elegir aportar dinero a la Iglesia Católica, y no podemos negarnos a que una parte presupuestaria sea regalada a una institución obsoleta cuya misión transitoria ya fue cumplida?

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