Nada nuevo bajo el sol. Simplemente, ahora lo vemos más claramente y lo sufrimos más directamente:
Soy estudiante de Antropología y llevo cursado el 66% de la
carrera. Hasta el año pasado era esta una titulación de Segundo ciclo a la que
se podía acceder desde cualquier Primer ciclo; pero ahora, una vez aplicado el
nuevo Plan de Estudios, es una carrera de cuatro años para la que casi nada de
lo que he estudiado cuenta: si decidiese matricularme, perdería el 40% de los
créditos aprobados, quedándome en un 25% de la titulación, es decir, en el
primer año de carrera.
Así, no sólo me quedarían tres años para terminar la carrera en lugar de uno y medio, sino unos 2000€ por pagar más el 20% de aquellas asignaturas que me convaliden (unos 150€ más o menos), más materiales.
Así, no sólo me quedarían tres años para terminar la carrera en lugar de uno y medio, sino unos 2000€ por pagar más el 20% de aquellas asignaturas que me convaliden (unos 150€ más o menos), más materiales.
Saliendo de la Universidad hoy, había una asamblea de
estudiantes indignados. Una igual que aquellas que apoyé en 2009, buscando la
solución al problema de la continuidad y el impacto real de una protesta
silenciada por los medios igual que la de la situación griega "para mantener el orden social".
En ella, escuché
un par de casos, como el de una chica a la que no le reconocerán el 80% de los
créditos, obligándola a volver a empezar su especialización, y todo con los
precios nuevos, y los correspondientes sobrecargos por tener ya un título
universitario.
Así que si Europa se distinguía por garantizar Salud y Educación ante todo (el futuro de las generaciones más jóvenes), el hecho de suprimir carreras sociales y humanísticas es suprimir la crítica de su descuido, al tiempo que empujar a la población a la rueda laboral sin ajustar las sangrías más importantes de dinero público (rescates bancarios, salarios reales y vitalicios, visitas papales, “complementos” salariales como el de Esperanza y su equipo, que afortunadamente ya llegan a final de mes) nos convierte en meros peones, perdiendo la poca capacidad de decisión que teníamos, y haciéndonos desgastarnos las rodillas ante el tiempo que permaneceremos en la misma (im)postura.
Así que si Europa se distinguía por garantizar Salud y Educación ante todo (el futuro de las generaciones más jóvenes), el hecho de suprimir carreras sociales y humanísticas es suprimir la crítica de su descuido, al tiempo que empujar a la población a la rueda laboral sin ajustar las sangrías más importantes de dinero público (rescates bancarios, salarios reales y vitalicios, visitas papales, “complementos” salariales como el de Esperanza y su equipo, que afortunadamente ya llegan a final de mes) nos convierte en meros peones, perdiendo la poca capacidad de decisión que teníamos, y haciéndonos desgastarnos las rodillas ante el tiempo que permaneceremos en la misma (im)postura.
Cuál es el futuro del país entonces, cuando 1. ni se arregla los grandes transvases de dinero público al sector privado en campos que deberían ser de jurisdicción intransferible, 2. ni se corrige la tendencia que dentro de unos años sólo dejará plazas universitarias a quienes puedan pagársela, proporcionando carreras técnicas con un trabajo garantizado que nos permita vivir al día y abrir hipotecas a 60 años en nombre de una economía nacional sostenible ?
Generar deuda es el futuro, ya se sabe. Incluso cuando la mitad de los bancos está en quiebra.
Y francamente, uno se queda pensando... ¿para qué?
Resulta que somos vagos, hedonistas y nos cargamos un par de neuronas diariamente cuando salimos de trabajar. Todo, intentando comprender cómo funciona, cómo se puede sacar algo positivo, y, más que nada, lo fácil que es criticar el efecto y omitir las circunstancias que lo generan.
Resulta que somos vagos, hedonistas y nos cargamos un par de neuronas diariamente cuando salimos de trabajar. Todo, intentando comprender cómo funciona, cómo se puede sacar algo positivo, y, más que nada, lo fácil que es criticar el efecto y omitir las circunstancias que lo generan.
Desviar el foco de atención es una jugada inteligente, pero
alguien ha hecho las cosas muy mal para ganarse un sobresueldo que no
necesitaba, acercándonos, poco a poco, al punto en que la población no tiene nada
que perder. Como estudiante de movimientos sociales, aclararé que ese es el
punto en el que las revoluciones estallan, y que si la tendencia no cambia, con
mucha probabilidad empezaré a salir a la calle con más recurrencia para que los
Mossos me enseñen que la letra, con sangre entra.
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